domingo, 19 de enero de 2014

De corazones rotos y otros dilemas

¿Qué le dices a un amigo con el corazón roto? ¿"No te preocupes, todo va a estar bien", "las cosas pasan por una razón" o "no es tu culpa"? ¿Ninguna de las anteriores? ¿Todas?
Es raro saber qué, no importa lo que digas, no cambiará nada (o probablemente lo empeorará). Pero no puedes quedarte callado, menos cuando sabes que no tendrás muchas oportunidades de ver a dicho amigo. La tensión es peor cuando sabes que, sin importar que digas, probablemente hagas llorar a tu amigo. Lo único que pude hacer fue hablar desde el corazón:
"No va a ser fácil, va a doler mucho y probablemente lo que te diga no lo quieres oír. A mí me hubiera gustado entenderlo antes, pero nadie me lo podía decir a mí. Tienes que estar contento de que pasó, de que tuviste la oportunidad de compartir el tiempo con alguien que amaste y te amo, recordar lo bueno y lo malo, no permitir pensar en culpables o razones, porque finalmente, esto no es tema del cerebro, sino del corazón." Escapó la primera lágrima que mi amigo intentó disimular. "No es el fin, sobre todo si tu no quieres que sea el fin. El cariño no desaparece y estoy seguro que es más tema de las circunstancias que falta de amor, aún así no puedes encerrarte en esto. Estás luchando por tu sueño y eso es muy importante. Me gustaría poder decir más, tener alguna receta, pero es algo que simplemente tienes que aprender a sentir. Ustedes siempre tendrán algo especial."
Es muy difícil ver a un amigo llorar. A los hombres no nos enseñaron a lidiar con eso y toma años entender que no hay que decir nada, que no hay que hacer mucho, simplemente estar suele ser suficiente. Tener un pañuelo a la mano siempre ayuda pero un hombro funciona mejor. Lo que es realmente un reto, para mí, es no llorar con la otra persona. He visto a mis seres más queridos llorar, por diversas razones, en los peores momentos. Poco después me derrumbo yo por su dolor, sin que me vean. Me cuesta tanto no poder hacer más que escucharlos y secar sus lágrimas. Con el tiempo entiendes que el dolor es parte de la vida, que ayuda a crecer a las personas y que, a pesar de todos tus esfuerzos, no puedes evitar que la gente lo sienta. El otro dilema está en un poema, cómo de costumbre, de Mario Benedetti.

Soledades


Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

lunes, 13 de enero de 2014

Navidad/Año Nuevo/Despedidas

Tengo muchos temas que escribir el día de hoy, espero que me alcance el insomnio...
La Navidad no llegó para mí este año. No sentí el espíritu cómo lo hice en años anteriores y realmente no sé porque. Quizás por la carga de trabajo, el viaje que tenía planeado o por la falta de decoración. Creo que este año no quería una típica Navidad... Quería salir de la rutina y ser libre. Probablemente por eso mi necedad de llevarme mi coche a la tradicional comida Candia en Tlaxcala, aunque había suficientes argumentos racionales, siempre hubo un elemento de 'quiero llevar la contraria, porque puedo'. La comida Candia... ¿Por dónde empezar? Es el día del año en que nadie le importa nada de mi vida más que mi apellido, y por alguna razón, eso se siente bien. Siempre me angustia no recordar los nombres de todos (nunca lo podré hacer) o no notar cuando alguien falta... Pero este año, más allá de la excelente comida, lo mejor fueron mis sobrinos. Creo que pasé más tiempo persiguiéndolos y jugando a ser un monstruo que comiendo (eso es mucho decir, porque la comida ¡es exquisita!). Y fueron imanes de mi atención mientras estuvieron despiertos. Nada como ver sus caras espantarse ante los fuegos artificiales, cambiar al asombro y explotar en carcajadas cuando se repitieron a lo largo de la noche. Les enseñé como funciona un caballete (esa cosa que sirve para dejar charolas) y en un desafortunado momento de distracción mío uno de ellos no lo guardó adecuadamente y le cayó encima. Después de un par de lágrimas todo volvió a la normalidad. También les enseñé a lanzarse gotas de agua después de mojarse levemente las manos... Acto que me ganó un par de regaños porque empezaron a mojar a todo mundo y tuvimos que quitar la tina de hielos del piso. Finalmente, el momento en que uno de ellos me reconoció y me dio un beso de despedida después de ser la segunda vez que los veo, me alegró la noche. No quiero decir que la cena no haya sido divertida, mi hermano y yo estábamos en sincronía perfecta para los chistes y comentarios, tanto así que más de uno acabo expulsando la sidra por la nariz. Extrañé la parte de 'ser Santa' tarea que ya no llevamos a cabo por la falta de quórum (léase chicos en edad de creer en Santa) y falta de regalos. El viaje en carretera fue divertido (mi hermano descubrió que mi coche está limitado a 150km/h... en las curvas estoy seguro que pasamos de eso) y era algo que tenía que hacer alguna vez...
Año nuevo fue una bestia completamente distinta, entre el viaje (con los peores horarios) y los cambios de casa fue justo lo que necesitaba: impredecible. No quise planear mucho (compre el vuelo sólo una semana antes) porque la idea no era gastar mucho, sino disfrutar las casualidades que se presentaran. Y así fue como todo surgió y conocí a un primo que muy a su manera ha conquistado su independencia, encontrado un balance entre trabajo y vida, y que, posiblemente, se vuelva intermedio para cumplir un par de sueños... Conocí lugares increíbles, vi las puestas de sol en las playas más hermosas y recibí el año nuevo rodeado de gente nueva. Incluso hay una anécdota graciosa de una señora de 42 años que se sentó a platicar conmigo en la playa, cuya vida era 'demasiado rutinaria y requería escapar'. Fue un viaje divertido, diferente, de crecimiento, descubrimiento y nuevas ideas. Lo volvería a hacer sin dudarlo, quizás encuentre la forma de volverlo tradición.

Ahora la parte difícil...
Soy malo para las despedidas. No hay matices ahí. En lugar de sentirme triste cuando alguien se va intento recalcar los beneficios de su partida (tanto en mi mente como en voz alta). La gente (sobre todo aquel/aquellos que se van) lo toma muy... sin suavizarlo, seco. Me ven cómo si no tuviera apego a esas personas que se van. En este caso se trata de mi prima Abigail, que se va 3 meses a Alemania. No somos súper cercanos (llevarle 10 años ya lo hace suficientemente complejo sin mencionar que vive en Naucalpan) pero me gusta creer que tenemos una buena relación. Le regalé mi viejo diccionario Alemán-Alemán tratando de decir 'que bueno que te vas, espero que aprendas mucho' pero inmediatamente fui catalogado como 'el que la estaba corriendo'. Creo que ella sí apreció el regalo, después de que tuve que demostrar su funcionalidad (en la prepa pasé muchas horas leyendo ese libro como una versión torcida de rayuela, ya que al investigar un término encuentras otro que desconoces y saltas por las páginas absorbiendo cosas que, con certeza, no usarás mucho). El problema es que no pude decirle 'te voy a extrañar, pero me da mucho gusto que puedas vivir esta experiencia'. Al escribirlo suena tan bobo, me es más natural pero en persona las palabras correctas nunca llegan a mi mente...

Hoy le dije (escribí, si no seguro no se me hubiera ocurrido) a un amigo "A veces hay que exponer el corazón y dejarlo hablar sin que la mente calculé los riesgos" y me mordí la lengua...