Reflexiones, pensamientos, historias, críticas, videos, música... en fín: deambulares!
viernes, 21 de octubre de 2011
Montaña rusa
Hay días planos, comunes y corrientes. Uno va por ahí clasificándolos de buenos o de malos, pero no es común que haya días tan llenos de altibajos como este. Empezar bien, tener malos momentos, empeorar, mejorar, tener una chispa de alegría y finalmente: irse al séptimo círculo del infierno. No lo digo en vano, sé que me he vuelto un tanto quejumbroso de las situaciones de mi vida cotidiana pero hoy sí es de esos días "que no se olvidan". Me gustaría desquitar lo más frustrante escribiendo varias cuartilla llenas de insultos pero realmente no es mi estilo. Prefiero encaminar esa energía a reflexionar un tema de importancia vital: la honestidad. La situación de hoy es común en esta enorme ciudad, y no dudo que muchos se encuentren a lo largo de su vida en ella. Un choque entre dos automovilistas que realmente no representaba daños graves, afortunadamente no hubo heridos, sólo asustados. Pero, siendo completamente sinceros: ¿Admitiría uno su culpabilidad en un choque? Yo lo he hecho, aunque las circunstancias varían y el costo de los daños influye en gran parte, pero ¿en que momento le asignamos un precio al poder llegar a dormir con la conciencia tranquila? No lo sé... Me entristece en demasía el hecho de saber que pagamos un seguro para que cada quien se vaya con su golpe. Más que nada, porque, a desconocimiento de muchos, si uno admite la culpa el seguro (en cualquier póliza) cubre el deducible del afectado. Sin costo. No digo que hagamos buenas obras, sólo pido un céntimo de honestidad. Gracias.
jueves, 20 de octubre de 2011
Los más puros deambulares
Hay días, como hoy, que simplemente escribo por el placer de dejar que las palabras fluyan de mi corazón a mis manos. Sin censura mental, escribo:
Atrapado en un espacio abierto, con la garganta cerrada y el corazón acongojado. Despierto. Ya no hay día en que el recuerdo de tus labios en los míos sepa fresco. Pasaron ya las estaciones y yo, mirando las hojas caer, me desencuentro. No sé, ni quiero saber, qué sigue. Me siento frustrado, sólo por elección, perdido. Despierto. Mi mundo de sueños se ha tornado amarga pesadilla de no poderte ver, de quererte gritar que te extraño. Me hace falta tu abrazo más que nunca, pues me recuerda el ritmo de mi corazón, que te entregué. Despierto. Sin sonrisa, caminando por los rincones más profundos de mi mente me persigue tu dulce perfume y el eco de tu risa. No hay ya razón para considerarme cuerdo, ni sentido de dirección que me extraiga de mis pensamientos. Despierto. Sólo pienso en seguir adelante y dejar que el destino encuentre su rumbo. Me siento frío, helado, sin la antes sencilla capacidad de generar el afectuoso calor de la alegría en mi vida. Despierto. No entiendo la rutina que me mantiene funcionando y me preocupa la monotonía de mis pensamientos. Tú, tú, tú, tú... ¿Y yo?. Duermo. Dulces sueños...
Atrapado en un espacio abierto, con la garganta cerrada y el corazón acongojado. Despierto. Ya no hay día en que el recuerdo de tus labios en los míos sepa fresco. Pasaron ya las estaciones y yo, mirando las hojas caer, me desencuentro. No sé, ni quiero saber, qué sigue. Me siento frustrado, sólo por elección, perdido. Despierto. Mi mundo de sueños se ha tornado amarga pesadilla de no poderte ver, de quererte gritar que te extraño. Me hace falta tu abrazo más que nunca, pues me recuerda el ritmo de mi corazón, que te entregué. Despierto. Sin sonrisa, caminando por los rincones más profundos de mi mente me persigue tu dulce perfume y el eco de tu risa. No hay ya razón para considerarme cuerdo, ni sentido de dirección que me extraiga de mis pensamientos. Despierto. Sólo pienso en seguir adelante y dejar que el destino encuentre su rumbo. Me siento frío, helado, sin la antes sencilla capacidad de generar el afectuoso calor de la alegría en mi vida. Despierto. No entiendo la rutina que me mantiene funcionando y me preocupa la monotonía de mis pensamientos. Tú, tú, tú, tú... ¿Y yo?. Duermo. Dulces sueños...
miércoles, 5 de octubre de 2011
Un bastón que no andará más
Por años fuiste el más sincero compañero de mi tía Alicia, segunda madre de mi padre y abuela mía. Hoy has detenido tu andar pues tu dueña ha liberado sus alas y se ha marchado para cuidarnos desde el cielo.
Tía Alicia tú me enseñaste el significado del sacrificio, me mostraste los límites de la bondad y fuiste para todos los que te conocimos un ángel en vida. Siempre sonreíste ante la adversidad y soportaste nuestras travesuras. Me cuidaste cuando me sentía sólo y fuiste una influencia constante en mi vida. Hoy te doy gracias de la única forma que sé, viviendo lo que me enseñaste y viendo por mis seres queridos. Alicia Franco Méndez, te recuerdo todos los días de mi vida. Gracias por ser parte de ella. Te quiero.
Tía Alicia tú me enseñaste el significado del sacrificio, me mostraste los límites de la bondad y fuiste para todos los que te conocimos un ángel en vida. Siempre sonreíste ante la adversidad y soportaste nuestras travesuras. Me cuidaste cuando me sentía sólo y fuiste una influencia constante en mi vida. Hoy te doy gracias de la única forma que sé, viviendo lo que me enseñaste y viendo por mis seres queridos. Alicia Franco Méndez, te recuerdo todos los días de mi vida. Gracias por ser parte de ella. Te quiero.
lunes, 3 de octubre de 2011
Filas
No sé porque a mucha gente se le dificulta comprender el concepto de hacer una fila. Digo, sinceramente, es difícil esperar, quizás más en las épocas del Internet y la satisfacción inmediata, pero ¿por qué hacemos las cosas más difíciles de lo que deben ser? En serio, toda la gente que está frente a ti, está igual de harta y posiblemente más. Todo esto viene a que hoy una señora me pregunto, repetidas veces (léase DEMASIADAS veces), si estaba en la fila correcta. Yo le comuniqué, cómo cualquier persona que ha dormido 4 horas y está harto de hacer fila, pelearse con el parquímetro y tener que reimprimir un correo por tercera vez haría: ni amable ni grosero. Yo diría áspero. Pero claaaaaaro LA señora esperaba el trato que merece una persona de su edad y se ofendió!! Es más sarcásticamente contestó "se nota" cuando, al notar su expresión facial me disculpe por mi asperidad y expliqué "he tenido un mal día". Debí golpearla por desconsiderada y estúpida pero no es una buena semana para acabar en la cárcel... menos para perder mi lugar en la fila.
Ahora, después de mi rabieta, quiero compartir lo que realmente cambió mi día hoy: a la hora de estar frente a la ventanilla, dónde debían tomarle la foto, un pequeño niño luchaba por comer su druazno mientras su madre, padre y la señorita detrás de la cámara hacía lo imposible por llamar su atención. Ese niño, con su ingenuidad, su simple deseo de durazno y su simple sonrisa, aparentemente tan fuera de lugar me contagió de sonrisa. Por un momento me olvidé de las quince personas delante de mí en la fila, dela odiosa señora y de mi cansancio. Buscar lo bello, dejarse sorprender... aún en la peor circunstancia.
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