Por años fuiste el más sincero compañero de mi tía Alicia, segunda madre de mi padre y abuela mía. Hoy has detenido tu andar pues tu dueña ha liberado sus alas y se ha marchado para cuidarnos desde el cielo.
Tía Alicia tú me enseñaste el significado del sacrificio, me mostraste los límites de la bondad y fuiste para todos los que te conocimos un ángel en vida. Siempre sonreíste ante la adversidad y soportaste nuestras travesuras. Me cuidaste cuando me sentía sólo y fuiste una influencia constante en mi vida. Hoy te doy gracias de la única forma que sé, viviendo lo que me enseñaste y viendo por mis seres queridos. Alicia Franco Méndez, te recuerdo todos los días de mi vida. Gracias por ser parte de ella. Te quiero.

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