viernes, 21 de octubre de 2011

Montaña rusa

Hay días planos, comunes y corrientes. Uno va por ahí clasificándolos de buenos o de malos, pero no es común que haya días tan llenos de altibajos como este. Empezar bien, tener malos momentos, empeorar, mejorar, tener una chispa de alegría y finalmente: irse al séptimo círculo del infierno. No lo digo en vano, sé que me he vuelto un tanto quejumbroso de las situaciones de mi vida cotidiana pero hoy sí es de esos días "que no se olvidan". Me gustaría desquitar lo más frustrante escribiendo varias cuartilla llenas de insultos pero realmente no es mi estilo. Prefiero encaminar esa energía a reflexionar un tema de importancia vital: la honestidad. La situación de hoy es común en esta enorme ciudad, y no dudo que muchos se encuentren a lo largo de su vida en ella. Un choque entre dos automovilistas que realmente no representaba daños graves, afortunadamente no hubo heridos, sólo asustados. Pero, siendo completamente sinceros: ¿Admitiría uno su culpabilidad en un choque? Yo lo he hecho, aunque las circunstancias varían y el costo de los daños influye en gran parte, pero ¿en que momento le asignamos un precio al poder llegar a dormir con la conciencia tranquila? No lo sé... Me entristece en demasía el hecho de saber que pagamos un seguro para que cada quien se vaya con su golpe. Más que nada, porque, a desconocimiento de muchos, si uno admite la culpa el seguro (en cualquier póliza) cubre el deducible del afectado. Sin costo. No digo que hagamos buenas obras, sólo pido un céntimo de honestidad. Gracias.

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