jueves, 20 de octubre de 2011

Los más puros deambulares

Hay días, como hoy, que simplemente escribo por el placer de dejar que las palabras fluyan de mi corazón a mis manos. Sin censura mental, escribo:

Atrapado en un espacio abierto, con la garganta cerrada y el corazón acongojado. Despierto. Ya no hay día en que el recuerdo de tus labios en los míos sepa fresco. Pasaron ya las estaciones y yo, mirando las hojas caer, me desencuentro. No sé, ni quiero saber, qué sigue. Me siento frustrado, sólo por elección, perdido. Despierto. Mi mundo de sueños se ha tornado amarga pesadilla de no poderte ver, de quererte gritar que te extraño. Me hace falta tu abrazo más que nunca, pues me recuerda el ritmo de mi corazón, que te entregué. Despierto. Sin sonrisa, caminando por los rincones más profundos de mi mente me persigue tu dulce perfume y el eco de tu risa. No hay ya razón para considerarme cuerdo, ni sentido de dirección que me extraiga de mis pensamientos. Despierto. Sólo pienso en seguir adelante y dejar que el destino encuentre su rumbo. Me siento frío, helado, sin la antes sencilla capacidad de generar el afectuoso calor de la alegría en mi vida. Despierto. No entiendo la rutina que me mantiene funcionando y me preocupa la monotonía de mis pensamientos. Tú, tú, tú, tú... ¿Y yo?. Duermo. Dulces sueños...

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