Estoy atorado entre los puntos suspensivos de mi vida. Los pensamientos y los sentimientos se han quedado atorados en mí, inamovibles. Estoy en el cambio de capítulo de esta vida mía y la página no ha decidido cambiar. No sé que es lo que me impide dar este paso. No tengo miedo, ni dudas, sé a dónde voy y tengo más o menos claro el camino. Tengo la fuerza para luchar y los medios para empezar a andar. Las caídas me preocupan, más sabiéndome decidido sé que no habrá obstáculo infranqueable. Hoy estoy más preparado que nunca para terminar esta definición. Y con todo ese conocimiento, con toda esa seguridad, con toda la voluntad del mundo, sigo en este limbo intermitente.
Creo que el problema, cómo siempre ha sido para mí, es la soledad. Al cerrar la puerta por las noches y sentarme a escribir en este intento de diario me gusta pensar que he logrado algo, que mi día tuvo relevancia en el mundo. No se trata únicamente del crecimiento personal, del aprendizaje o de la calidad de vida. Quiero saber que cambió la vida de alguien de alguna forma por mi deambular por este mundo. Quiero ser un buen hijo, un buen hermano, un buen amigo, pero sobre todo, quiero ser la razón de la sonrisa de alguien. Quizás debería ser comediante. Y luego llega este sentimiento de insignificancia e impotencia que me carcome y me deprime. Me hace temblar las manos. Me hace llorar de vez en cuando. La vida para mí (una de las conclusiones que han llegado precisamente en esos momentos de oscuridad) sin ser compartida, sin ser en sociedad, no tiene sentido. No puedo verlo de otra forma por más que me he intentado convencer de lo contrario. El problema real es encontrar a un compañero de viaje. No hablo de algo temporal ni pasajero, hablo de aquella persona con la que uno puede compartir todo, hasta el cepillo de dientes y las ideas más alocadas. Encontrar a alguien así sólo puede suceder un par de veces en la vida... y probablemente dependa mucho de la situación en la que se encuentra cada persona en ese momento. Además esta tarea es algo que no se puede resolver con nada de lo arriba mencionado, pues no es únicamente cuestión de fuerzas, de valor o voluntad, es cuestión de que ambas personas deseen estar y ser juntos. Es cuestión de que el amor exista y se mantenga con un fuerte compromiso. Es cuestión de caminar juntos. Es cuestión de pedir perdón y saber perdonar. Es cuestión de saber que no se es dueño el uno del otro. Es cuestión de escribir, decir y hacer lo que se siente. Es cuestión de metas en común. Es cuestión de amar las diferencias. Es cuestión de escuchar. Es cuestión de perderse en los ojos del otro. Es cuestión de dejar de hacerse pendejo y gritarle al mundo que se ama a una persona. Es cuestión de crear un mundo entero entre dos. Es cuestión de que todos los días sean puntos suspensivos...
Probablemente deje de escribir un buen rato por aquí, ya que le dedicaré mi tiempo a la tesis, pero trataré de no dejarlo muy abandonado. Más que nada porque necesito esto. Necesito llenar el papel de mis deambulares mentales y llorar de vez en cuando al escribir. #FinDelComunicado
No hay comentarios:
Publicar un comentario