lunes, 22 de octubre de 2012

Viajes

Me encantan los viajes cortos y no planeados. Considero que es una forma de regalo del destino. Además, me intrigan las adversidades que se presentan comúnmente en estos paseos... se truena una banda, la caja hace ruidos raros, nadie tiene coche extra... cuando logras llegar hay una cierta satisfacción no descriptible. Como cuando encestas una bola de papel al basurero a la primera sin mucho empeño o alguien te felicita por algo que cocinaste y que tu pensabas no era nada especial... Hoy en un viaje ráfaga tuve muchas pequeñas alegrías, momentos de nuevo aprendizaje (en el mundo de las computadoras y los sistemas parece que toda empresa tiene "algo" que nadie se acuerda como funciona/se configura o simplemente perdieron el password ¬¬u) y de intensa curiosidad... de alguna manera, a pesar de que no hice mucho en términos laborales (teclear frente a una máquina, instalar/desinstalar programas, mover equipo, etc.) terminé exhausto (seguro las quesadillas de la marquesa tuvieron mucho que ver, el famosos "mal del cerdo") y fui presa de microsueños el resto del día con resultados bastante graciosos (uno de ellos en el camión, lo que me ocasiono miradas de "este chavo esta drogado"  incluso durante una llamada telefónica). En fin, un buen lunes 22 de octubre...

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