lunes, 29 de julio de 2013

Introspección, reflexión y creación

La próxima semana tomaré unas buenas vacaciones del trabajo y he decidido ir a uno de mis lugares favoritos: la cabaña. Dadas las reducidas opciones para distraerse en esta rústica ubicación, es perfecto para escribir mi tesis (que espero terminar en esta semana!) pero también para otras tareas pendientes. Hace poco comencé un proyecto personal interesante de dejar de beber alcohol por un periodo de un mes (al menos) y después de regresar subiré esta entrada con los pensamientos que tuve esa semana.

La lección de la chimenea
Amo encender la chimenea de la cabaña. Es quizás una de las razones principales por las que me gusta ir a quedarme, ya que es necesario prender la chimenea para calentar la casa. Y en esta ocasión me tomó la mayor parte del primer día encenderla, la leña estaba húmeda y había poco material para mantenerla prendida a lo largo de la noche. Finalmente, cuando logré encenderla el humo comenzó a meterse y es peligroso si uno se queda en la noche cerca porque cuesta trabajo respirar. Afortunadamente, me quedé leyendo hasta muy noche ese día y alcancé a ventilar la cabaña antes de que fuera un problema. Sin embargo, no apagué la chimenea, intentando conservar ese fuego bailarín, en el que pierdes la mirada. Tuve que dejar las ventanas abiertas tanto tiempo, incluso la puerta, que el calor de la chimenea sólo se sentía justo enfrente. Pasé una mala noche por temor a que el humo se colará de nuevo. Afortunadamente no pasó nada, pero de haber apagado la chimenea y buscar una alternativa para mantenerme caliente quizás hubiera podido avanzar con otros temas. Dejar ir es, a veces más inteligente. No es rendirse, no es ser cobarde, es buscar la ocasión.

La reflexión de sala
El segundo día pasó rápido. Estaba tan concentrado con mi libro que no me levanté en un buen rato. Cuando al fin lo hice, desayuné y me dispuse a escribir tesis. No fue difícil escribir, es difícil organizar lo que me viene a la mente dentro de los capítulos, secciones y encontrar los diagramas que hacen más claras las ideas. Sentí que estaba bien preparado y luego me senté en la sala a escribir. La sala es el único lugar que no tiene una mesa, y me senté ahí porque pensé "si estoy cómodo voy a ir más lento". Escribí bastante ese día, más de lo que esperaba, principalmente porque había terminado el libro que llevaba. Me dije a mi mismo que no era difícil y así fue. Me distraje únicamente para comer y para correr por la noche, antes de que se me entumieran las piernas. Y recordé a mi abuelita, en esa sala, en esa mesa, enseñándome a hacer castillos de cartas. Muchas cosas requieren más paciencia y determinación que otra cosa, no siempre puedes correr.

La búsqueda de variedad
Las opciones de comida que llevé se reducían a sandwiches con jamón, roast beef o salami, más queso y condimentos. Llevé pan dulce y cereal, pero eran para desayunar o cenar. Entonces se me antojó algo diferente de comer. Dados los buenos resultados del día anterior, me di el lujo de bajar a buscar algo de comida caliente al parque de los columpios. Al llegar decidí seguir caminando, hasta llegar a Kikoten y a otras casitas que hay por ahí. Vi un rancho, ovejas, una vaca y hasta un caballo; pasé por una torre de luz, tuve mágicamente señal y me ladraron unos perros; me aventuré a la neblina, jugué en los columpios y corrí de la lluvia. 2 horas de deambular me dejaron lleno de energía, con la imaginación encendida y alegría por haber bajado a buscar comida... algo que no encontré. En la búsqueda de lo que quieres, el camino suele ser más importante que el destino, incluso puede que no llegues a dónde tu querías.

El soliloquio sobre ti
La noche del miércoles ya satisfecho con lo que había escrito, encerrado en la imposibilidad de hacer ciertos diagramas por mi dependencia de internet me levanté del sillón por un café más. Con café en mano me puse a revisar los recovecos de la cabaña en busca de algo para distraerme. No encontré nada particularmente divertido, principalmente porque estaba solo, lo que me llevó a distraerme con otros temas. Y de repente vi un cuadro que mi oma hizo hace, supongo, mucho tiempo. Consiste en una figura geométrica deformada, algo semejante a lo que produciría un espirógrafo. Me atacaron los recuerdos y comencé a hablar en voz alta, expresando mi tristeza, mis alegrías, mis problemas. Y finalmente hablé de ti. De lo mucho que te quiero y de lo increíble que me parece que sigamos en contacto, viéndonos. De lo difícil que es a veces y de lo hermoso que es la mayor parte del tiempo. De cómo traté de hacer las cosas bien y de lo que me dijiste. De mi enojo por no saber ni cómo reaccionar. De las cosas que han cambiado y de que ya no somos los mismos. Me grité, golpee una puerta, lloré (como lo hago ahora que lo recuerdo). Saqué toda mi frustración, liberé mis sentimientos y me dejé llevar. Pensé que debí grabarme después, porque ciertamente dije muchas tonterías. También dije cosas que no debía ni pensar. Ahora escribo lo único que importa: Te quiero, no sé cuál sea el destino, pero amo el camino. Estoy dispuesto a esperar y a dejarte ir, pero no puedo dejar de buscar la ocasión. 





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