Esto de trabajar y tratar de llevar una vida normal de verano es mortal. No tanto por las desveladas (las ojeras en el trabajo son un buen tema de conversación!) ni el cansancio acumulado, sino por lo difícil que es a veces llegar de un mal día de trabajo con los amigos que, trabajen o no, no tienen porque ser desahogo para las posibles inconveniencias de la chamba. Si tu jefe te hace enojar, te regañan o simplemente sales tarde, el pasarla bien se puede dificultar (más si esto pasa seguido!). Desafortunadamente me tocó vivir en un país dónde la gente no sabe respetar horarios de trabajo y creen (no todos, no siempre) que el pagarte implica ser dueños de tu tiempo. Yo si he aprendido a tomarme 5 minutos antes de ver a mis amigos para tomar los problemas de la vida laboral, verlos como algo lejano y buscarle el lado gracioso a las distintas situaciones (normalmente a base de humor negro) para que no sea un impedimento para pasarla a gusto. Hoy me lo tuvo que recordar una señora pasando sobre un charco y empapándome al hacerlo. Gracias (pero pase a la ventanilla a chingar a su madre!!).
NOTA: La entrada de el 14 de julio se retrasó debido a celebraciones ajenas a este blog. Una disculpa a todos los lectores (si le dijera alguien de la existencia del blog, esto no sonaría tan esquizofrénico).
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