viernes, 15 de julio de 2011

Finales

Últimamente me divierte pensar en los finales de las cosas porque solemos ser muy dramáticos en cuanto a algunos en particular, pero cada día hay finales que permitimos pasar desapercibidos. Y no me refiero a todos los finales, pues hay demasiados: el final de un sueño, el de un regaderazo, el de una taza de café, el de una tarea laboral, el de la comida (con un buen postre!), etcétera. Me refiero a que cada día algo relevante acaba, puede ser una vida, una relación o una historia. No siempre es cercano, la mayoría de las veces podría considerarse ajeno, pero es perceptible. Hoy acontece uno de esos finales memorables para muchos, el fin de la generación Potter (un Avada Kedavra para las fantasías de mi juventud). Es un final adornado, glorioso, pomposo, estridente, cantado, retrasado, rebuscado... y espero que épico (sí, no he visto la película ¬¬u). Pero estos finales son escasos, me interesa reflexionar sobre las cosas que realmente no parecemos percibir, como el cambio de una máquina de café (glorioso elixir para poder despertar!) o el día que tiramos unos jeans. ¿Cuántas historias no vivió esa prenda? Seguro hay historias que involucran ensuciarse, ese agujero en las rodillas fue de una hazaña futbolística y quizás tenga manchas de lágrimas de alegría o de dolor. Pero sin más desechamos estas cosas y no marcan nuestra vida. No quiero decir que debamos llorar por unos pantalones de mezclilla, la reflexión es en torno a la importancia de ciertos finales, sobre nuestra capacidad de aceptarlos y quizás, aprender a que son parte del diario para no exagerarlos. Hoy hay otro final en mi vida... pero eso lo reservaré para otra ocasión.

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