domingo, 15 de abril de 2012

Al viento

Y como suele pasar otra fiesta de ingenierías significa un sinfín de historias nuevas... Entre encuentros, intrigas e innumerables miradas me maravilla lo que pasa en esas tardes mágicas de tragos, música y poca comida. Es como un recinto dónde la gente se olvida de sus vidas y decide mostrar lo que más desea hacer o decir, impulsado por el éxtasis causado por el alcohol. Se intercambian besos y abrazos con extraños, se mira a la gente perder la inhibición. Yo suelo estar siempre al margen porque voy como parte del grupo organizador (me encanta estar detrás de una barra o ayudando a organizar a la gente, quizás porque lo he hecho durante gran parte de mi vida) pero al final suelo integrarme y ver como mis amigos y conocidos están. Siempre suele haber alguno pasado de copas, triste por alguna situación sentimental o eufórico compartiendo la noche con una nueva persona. Me agrada este recinto, quizás algún día sea yo el que pierda el control y pueda conocer las benevolencias de esta falta de preocupaciones. Pero como suele pasar con las cosas buenas, llega la hora de salir de este espacio y las palabras, promesas y besos se los lleva el viento. En muchas ocasiones, no son ni siquiera un recuerdo, son una recolección de imágenes caóticas, como un sueño. Los que lo recuerdan, lo harán con una sonrisa por haber visto a las personas en su más pura expresión. Los que no lo pueden o quieren recordar, asumirán que todo fue bueno sin más. Y así seguirán la vida muchos, sin saber cuantos te amo se le han regalado al viento y al olvido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario